Tiendas cerradas, pueblos sin vida
- Naroa Ríos
- 17 dic 2021
- 2 Min. de lectura
Los ERTEs y las prestaciones se convierten en la nueva normalidad de autónomos y trabajadores

Qué cómodo bajar a la frutería de debajo de casa y que el frutero de confianza atienda con una sonrisa, pasar por la tienda de al lado y que guarde una bolsa de harina antes de que se acabe. Qué difícil va a ser desacostumbrarse cuando muchos de estos pequeños comercios se vean en la obligación de cerrar.
No valoramos lo suficiente la labor de las pequeñas tiendas, estamos muy centralizados y somos cada vez más quienes nos movemos a las grandes urbes a vivir, teniendo accesibilidad a cualquier clase de comercio en cualquier momento. Son esas pequeñas tiendas las que dan encanto a los pueblos, no es ni comparable el trato de un frutero de barrio con el de el cajero de un supermercado. Nos están individualizando, acostumbrándonos a no interactuar con la persona que nos atiende, haciéndonos verlas incluso como una máquina y no un ser humano. Nos parece muy importante dar voz a esas pequeñas personas que tenemos tan cerca y que estamos sustituyendo por un click en el ordenador. Y también creemos que todos tenemos la responsabilidad de hacer este cambio.
“Si la ciudadanía no se conciencia de consumir en el comercio local, todos sufriremos las consecuencias, puesto que tendríamos un pueblo sin vida en las calles”, destacó Bakarne Lezeta. La presidenta de la asociación BAREAK, asociación de comercio de Beasain, localidad Guipuzcoana, aseguraba no ser solo los propietarios del pequeño comercio los que sufrirán las consecuencias, sus empleados también.
Desde BAREAK han lanzado una encuesta a sus asociados en la que un 35% han respondido. El 85,2% de ellos han solicitado el cese de actividad. Por otra parte la mitad de los encuestados tienen empleados a su cargo los cuales más de un 70% han tenido que aplicar un ERTE indefinido llevando a decenas de familias a una incertidumbre económica de la que no muchos podrán escapar.



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